Temas mensuales
Tema Mensual Módulo 6 María- su corazón absorto en Jesucristo.

“María, Madre del sí, tú escuchaste a Jesús y conoces el timbre de su voz y el latido de su corazón. Estrella de la mañana, háblanos de él y descríbenos tu camino para seguirlo por la senda de la fe. María, que en Nazaret habitaste con Jesús, imprime en nuestra vida tus sentimientos, tu docilidad, tu silencio que escucha y hace florecer la Palabra en opciones de auténtica libertad. María, háblanos de Jesús, para que el frescor de nuestra fe brille en nuestros ojos y caliente el corazón de aquellos con quienes nos encontremos, como tú hiciste al visitar a Isabel, que en su vejez se alegró contigo por el don de la vida.” -- Benedicto XVI, Oración a la Virgen de Loreto, 1º de septiembre del 2007

La vida de toda mujer cambia el día que se entera que lleva otra vida en su seno. Sabe que ya no vive para sí misma; lo que coma, lo que haga, lo que escuche, todo tendrá un repercusión en esa creatura que Dios a permitido comience a existir dentro de ella. No fue de modo diverso para la Virgen María. A partir del momento de la Anunciación ella comenzó a vivir para su Hijo Jesucristo.

Tuvo que salir de su ciudad natal, Nazaret, a causa del edicto del César y dio a luz a su primogénito en una tierra extranjera para ella: Belén. Esto se podría ver como mala fortuna, pero esta lejanía de todo lo familiar le permitió crecer, junto con su esposo José, en intimidad con su Hijo. Él era todo para ellos, no había parientes, ni vecinos. Esta experiencia se ahondó aún más en su exilio forzado a Egipto; ahí, en tierra hostil, en tierra de paganos Jesucristo fue creciendo “en sabiduría, estatura y gracia” (Lc 2, 52) ante sus ojos. Fue en estos años dónde María, alejada de todo lo demás, aprendió cómo era su Hijo: observó cómo se desarrollaban sus intereses, cómo iba madurando su personalidad, como amaba a las personas. Aquí es dónde fraguó el amor tan profundo que le mantuvo fuerte al pie de la cruz.

Estos años pasaron y juntos María y Jesucristo llegaron a las bodas en Caná. Aquí María, tal vez sin quererlo, da pie al primer milagro de Jesús y con este a su vida pública. María nos da la lección más esencial del Cristianismo “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5). A esta primera intervención siguieron tres años de seguirle y escuchar su predicación con gran humildad. María nunca exigió sus derechos como Madre, se contentó con el camino árido y a la vez gozoso del discipulado.

Pero en el momento en que llegó la tormenta, en el momento de la persecución, cuando todos los discípulos flaquean María permanece al pie de la cruz, acompañando a su Hijo hasta su último suspiro. Ella que le dio a luz le acompaña en el momento de su muerte y permanece fiel aún cuando todo parece terminado. Reúne a los discípulos en oración (Act 2, 14) y les sostiene en los difíciles momentos de la fundación de la Iglesia.

Toda la vida de María fue una contemplación de Jesucristo; Él era su fuerza, su motivación, su sostén, su alegría. María pudo ser fiel porque jamás dejó de mirar a Jesucristo. Ella vivió en primera persona el consejo que dio en Caná “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5). De igual modo nos invita a ser imitadores de Jesucristo e ir caminando por la senda de la propia vida, sin importar sus subidas y bajadas, sus desviaciones y atajos, con la mirada puesta en Cristo, como la estrella polar que os mantiene en la dirección correcta.

¿He aprendido a encontrar a Jesucristo en mi vida ordinaria: en mis soledades (como María lo hizo en Egipto), en los día ajetreadaos (como María lo hizo durante la vida pública), en los momentos de sufrimiento (como María lo hizo en el Calvario)? ¿Al tratar de acompañar a mis seres queridos en sus dificultades, les doy el mismo consejo que dio la Madre de Dios en Caná: “Haced lo que Él os diga?

Misión con María:
Como familia haremos una lista de las actividades que más ocupan nuestro tiempo este mes y elegiremos tres para compartir entre nosotros y vivirlas de una manera especial bajo la mirada de Jesucristo (iluminándolas con el Evangelio o enriqueciéndolas con un acto de servicialidad).

Propósito del mes:
Cada noche, antes de dormir, trataré de ver mi día de la mano de Cristo y reflexionar sobre qué fue aquello que más le agradó para repetirlo al día siguiente.

Para profundizar en el tema puedes consultar:
Catecismo de la Iglesia Católica 512-534

Mensaje de Pablo VI desde Nazaret, 5 de enero de 1964. http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/speeches/1964/documents/hf_p-vi_spe_19640105_nazareth_sp.html

¿Qué tengo yo contigo, Mujer? (Capítulo IV del libro “María, Espejo de la Iglesia” de Raniero Canlamessa)



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