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¿Liberarse de la maternidad? No, gracias

La Organización de la Naciones Unidas (ONU) ha establecido al 8 de marzo como día de la mujer. Esto nos da la pauta para reflexionar en estos días sobre la vocación natural de la mujer. Algunas voces  buscan contraponer maternidad y profesión. Pero ¿Son realidades excluyentes? ¿O se pueden compaginar con una recta jerarquía de valores?

Cuando Madame Curie trabajaba al lado de su esposo, como su mejor colega, no dejaba de ser un ente extraño con bata blanca en los pasillos de la Sorbona. Pero para la mujer de hoy, al menos en la llamada sociedad occidental, ya no hay techos de cristal. Una de las conquistas más valiosas de esta “revolución” fue abrir a las mujeres las puertas de la educación. Las Universidades y las cátedras están hoy llenas de féminas que compiten, entre ellas y con los hombres, sin problema, en el mundo de las ideas. ¿Por qué tan valiosa esta conquista? Porque el conocimiento da al hombre un margen más amplio para el ejercicio de su libertad, obviamente con todos los riesgos que ello conlleva; riesgos que vale la pena afrontar porque la libertad nos hace más personas.

¿Ha sido libre la mujer a la hora de ser madre? A lo largo de la historia y en todas las sociedades se ha visto como algo natural que la mujer desempeñara el papel de madre. Se ha visto a la maternidad como un hecho cultural que se disfrazaba con la máscara de “la biología es destino” ya que venía “impuesta” por una naturaleza heredada genéticamente, que subyugaba a la mujer de forma exclusiva a la función procreativa y de la que no podía sustraerse. El instinto de la conservación de la especie le obligaba a seguir el ciclo de la reproducción. Por ello, la mujer no habría tenido nunca un papel representativo en los ámbitos públicos y en la toma de decisiones, ya que era un animal condenado a la “producción” de seres humanos y obligada a su crianza. Eran los roles por los que la naturaleza esclavizaba a la mujer y la sometía en el espacio de lo privado, alejándola de otras posibilidades que la realizarían como ser humano.

La madre, en la especie humana, no engendra, pare y protege solo unas crías. La madre concibe, da a luz y educa a seres humanos, seres para el amor, precisamente realizándose en el amor entendido como donación de sí. Concibe en un acto de amor, acepta el desarrollo de esta vida en su seno por amor, dará a luz por amor, y quedará ligada a este nuevo ser para siempre, porque el amor y la fidelidad van de la mano. Cada vez que una mujer elige y acepta ser madre, crece infinitamente en su dignidad como ser humano libre.

¿Liberarme de la maternidad? No, gracias porque la maternidad vivida como opción personal es el acto más liberador en el que una mujer puede realizarse. Liberarme de las máscaras que me invitan a perder mi feminidad, como son: la máscara que me presenta el trabajo profesional -presentado como polo opuesto y excluyente de una familia y tener unos hijos-como el único camino de realización; la máscara que me exige imitar roles masculinos para “ser libre” de mi yo; la máscara que me engaña para que niegue mi tendencia a la persona y me conduce a usar a las personas como medios y no como fines; la máscara que asfixia mi persona haciendo que toda mi seguridad se apoye solo en la imagen estética y tan ficticiamente estereotipada por las firmas comerciales....¿Liberarme de estas máscaras? Si, gracias

La mujer actual tiene todavía muchas trabas que eliminar en su camino de liberación, pero no son precisamente la traba de la maternidad que define su genio femenino, sino las trabas con las que tropieza nuestra esencia, porque todavía tenemos miedo de ser...lo que somos: madres en el espíritu y en el cuerpo

Felicidades madre, por ser lo que eres: mujer

(Basado en un artículo de Nieves García publicado es www.mujernueva.org



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