Cuando el hombre se pregunta por el sentido de su vida, se plantea quién es, y busca el sentido a su sufrimiento y el camino de la felicidad... “la Iglesia no puede abandonar al hombre.”
Ella, que conocía el valor que tenía la persona humana a los ojos de Dios, usó su inteligencia, su voluntad, su corazón... para amar en las tareas cotidianas.